Ciencia del Cuidado

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viernes, 21 de octubre de 2011

LIBRO INVESTIGAR EN ATENCION PRIMARIA

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Amanece un nuevo día de primavera.
Los caminantes avanzan sin tregua hacia la gran
montaña abriendo senderos entre la espesa vegetación.
El objetivo todavía está lejos, pero saben que cada
paso que dan es uno menos para llegar a la meta. Saben
que los grandes fines son el resultado de pequeños
logros. Desconocen si conseguirán alcanzar la cumbre
pero tienen la certeza de que si ellos no lo logran, otros
compañeros de viaje lo harán, porque el camino pasa
inevitablemente por ahí y es necesario explorar laderas,
descubrir cortados y barrancos, conocer cuevas,
encontrar nidos de aves y coronar la cima de la gran
montaña blanca.
Avanzan con paso firme, la mirada en el horizonte
y la certeza de que la ruta pasa obligadamente por esa
enorme masa de roca.
La montaña es blanca y hermosa, y está llena de vida.
Alberga secretos y una nueva luz que los caminantes
precisan para continuar su camino.
En la cima, nuevos horizontes los esperan, otros retos
y nuevas metas. Desde arriba se aprende a mirar
de forma diferente, es más fácil orientarse y el conocimiento
es mayor.
La montaña está ahí y es necesario cruzarla. Probablemente
no lo harán en un solo día. Podrán tardar
meses e incluso años, pero no existe otra posibilidad
de seguir avanzando. También pueden engañarse, seguir
cómodos y calentitos en el frondoso valle, en la
casa confortable que alguien construyó y ahora disfrutan,
pero saben que si no continúan el camino, el valle
se secará, se agotarán las provisiones y la casa dejará
de ser acogedora.
Para Atención Primaria la montaña ya está aquí,
aunque miremos hacia otro lado, aunque el cómodo
valle nuble nuestros sentidos, aunque estemos cansados
de nuestro largo caminar.
Hemos elegido ser caminantes y ahora “toca” la
montaña. No tengamos miedo. Todos, niños y mayores,
podemos acceder a ella, con voluntad, decisión y paciencia.
Trabajando en equipo. En la montaña es fácil
perderse y peligroso el aislamiento. Si vamos juntos nos
podremos ayudar y no perderemos la orientación.
El sendero pasa inevitablemente por ahí, por sus
bosques, sus laderas y sus escarpadas pendientes y para
que el progreso médico sea completo y equilibrado,
también la Atención Primaria debe cruzar la montaña.
Tras el grupo de “avanzadilla”, muchos más seguirán
sus pasos.
Si queremos seguir escribiendo la historia de nuestra
querida medicina, a los caminantes de nuestro
tiempo nos toca esta tarea. En el pasado, otros compañeros
tuvieron que trabajar en solitario. Sin los conocimientos
necesarios, solo podían experimentar, compartir
experiencias o transmitir su saber a los demás. A
otros les tocó enfrentarse sin armas a terribles epidemias
y caminar a ciegas con la esperanza de aliviar el
dolor.
Compañeros de viaje: La medicina sigue avanzando, a veces
con pasos lentos y torpes, otras, a grandes zancadas. Nuestra
oportunidad está aquí y ahora, contamos con potentes herramientas
y una inmensa red de conocimiento y comunicación
que debemos aprovechar.
La gran montaña blanca es la parte del camino que
nos toca recorrer ahora. ¡No nos detengamos!
EL MEDICO 1
INVESTIGACIÓN EN ATENCIÓN PRIMARIA
Investigar en Atención Primaria:
esa gran montaña blanca
PILAR VICH Y JUAN SERGIO FERNÁNDEZ
Miembros del Comité de Redacción de la Revista SEMERGEN
CUADERNOS de actualización para médicos de Atención Primaria
■ “¿INVESTIGAR?, PERDÓN PERO
TENGO PRISA”
Un investigador es aquel que se formula preguntas e
intenta responderlas. Nuestra razón de ser como profesionales
de Atención Primaria es atender las necesidades
de la población de una manera eficiente y de calidad,
contribuyendo a mejorar su salud y bienestar1.
Somos conscientes de que la función fundamental del
sistema de salud es la actividad asistencial, no obstante
nadie permanecerá ajeno a que la docencia y la investigación,
como fábricas de conocimiento, suponen actividades
esenciales para mejorar nuestro sistema sanitario2.
La integración de la investigación con la práctica
clínica favorece una mayor calidad de los servicios sanitarios
y una implantación mejor y más rápida de los
avances científicos en la prevención, la promoción, la
predicción, el diagnóstico, el tratamiento y la rehabilitación
de las enfermedades, así como un cuidado más
ético y eficiente de los pacientes3. Es decir, la investigación
aplicada en la práctica clínica diaria genera indudables
beneficios para los pacientes, el sistema sanitario
y para el propio profesional4. (Tabla 1)
A pesar de los múltiples editoriales en revistas de
divulgación científica que analizan, reflexionan y animan
a la investigación, ésta no suele encontrarse entre
las prioridades del médico de Atención Primaria1,2,5-9.
La ausencia de un horizonte con límites claros y bien
definidos acerca del marco real de actuación en Atención
Primaria genera una incertidumbre que complica
aun más la situación investigadora en el primer nivel
asistencial5. Resulta muy complicado ir más allá de lo
estrictamente obligatorio cuando no sabemos qué debemos
saber.
El punto ideal de partida es convencernos de que
el crecimiento personal y profesional viene determinado
por la eterna incertidumbre que envuelve al médico
de familia y la necesidad de darle una respuesta. Tal
vez nadie permanezca ajeno a que la investigación supone
la base del crecimiento científico, pero a nosotros
nos gustaría darle un sentido distinto a lo que hasta
hoy se ha explicado en la literatura y no evaluar la manera
de incorporar la investigación a la práctica clínica
diaria sino proponernos el reto de decidir qué queremos
saber y qué estamos dispuestos a hacer.
Es en este punto cuando deberíamos plantearnos la
cuestión de si todos los médicos de familia pueden investigar.
Probablemente no sea así, pero tampoco deberíamos
exigir que investigue aquél que no tiene las
condiciones ideales para hacerlo5. Desgraciadamente
aquí es cuando nos separamos, y la mayoría de los médicos
de Atención Primaria escogen el camino de la
dispersión, de la imitación del conocimiento, asumiendo
su papel de receptores pasivos con una voracidad
implacable. De esta manera contribuiremos atendiendo
a la salud de la población sin mejorar la calidad de la
misma, pasando a recibir sin creernos capaces, o ni siquiera
intentarlo. Aunque no entendamos que cuando
notificamos una posible reacción adversa de un fármaco
o cuando revisamos las curiosidades de un determinado
caso clínico y lo enviamos para considerar su publicación
estamos contribuyendo al conocimiento

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